Con asombrosa pasividad hemos ido aceptando las escandalosas mafias y chantajes en las adquisiciones de útiles escolares que cada año los padres de familia han soportado estoicamente sin vislumbrar queja o protesta, bajo el temor del ensañamiento personal de los docentes hacia sus hijos.
Cuadernos de marca, libros seleccionados astutamente, materiales de altos costos, son realidades que cada comienzo del año escolar se convertían en competencias de cada centro educativo para demostrar su excelencia, dejando de lado lo más importante para un estudiante, la calidad del profesor representado en su trabajo personal de enseñanza.
No son los materiales y sus altos costos los que hacen elevar la calidad del docente, por el contrario, un profesor se vale de su vocación y criterio para demostrar la grandeza de su trabajo en las aulas.
Podemos comprobar dramáticamente que nuestros jóvenes tienen un criterio incipiente o no lo tienen, leen pero les es difícil analizar y dar una autocritica, al haber aprendido un sistema memorístico, es fácil olvidar detalles, fechas o nombres en nuestra historia, esto es producto de los llamados libros de trabajo donde cual autómatas llenan espacios en blanco para tener una buena calificación.
Con el avance de la tecnología , los estudiantes han encontrado más instrumentos para hacer trabajar menos a su conciencia , biografías, relatos, resúmenes de obra, hasta opiniones en la elaboración de determinados trabajos han hecho enriquecer la ignorancia en nuestros jóvenes con la total indiferencia de directores, maestros y padres de familia también, estos últimos con la creencia errónea que cumpliendo con pagar cuotas de enseñanza y comprar materiales de educación caros están cumpliendo como padres, grave error porque la formación de sus hijos se basa en que ellos deben fiscalizar el avance escolar de ellos.
Mucho más preocupante son los colegios estatales , en donde los directores y profesores sin ninguna misericordia hacia las familias de escasos recursos, se atreven a exigir útiles escolares específicamente de costos elevados con el pretexto erróneo también de darles una buena educación , sin importarles que muchos al final no podrán cómpralos-
Hace años que se desecharon soberbiamente los cuadernos chicos, los blocks, los libros de consulta pasados entre otros, así vemos ahora a los estudiantes de colegios estatales utilizar cuadernos A4 como borrador, o utilizarlos solo hasta menos de la mitad , creando un despilfarro carente de un criterio humano de que estamos tratando con familias pobres.
¿Donde quedo el trabajo de los profesores o es que fueron simplificados por las editoriales previo acuerdo económico?
Si bien es cierto que indecopi ha puesto en la mira el negocio de las editoriales, es necesario el pronunciamiento de las autoridades de educación para frenar el trato abusivo dentro de los planteles en especial de las escuelas y/o colegios estatales.
Bien harían los profesores a conciencia en solicitar lo justo y necesario considerando más allá de la estética, la funcionalidad de los materiales a solicitar agregándole el adecuado trabajo docente.
En nuestra constitución se contempla la libertad de culto, por ello tenemos en la asignatura de religión un motivo para incentivar una adecuada inclusión religiosa, la biblia salvo uno que otro nombre el contenido es el mismo llámese católica o cristiana, sería bueno encontrar puntos de conciliación, la religión debe servir para unirnos no para dividirnos.
Los textos deben ser libres, los estudiantes deben acostumbrarse a la investigación y a la crítica, con profesores que los estimulen con proyectos incentivando la creatividad con técnicas pedagógicas tal cual es su trabajo, es en este aspecto como se vislumbra la calidad del docente.
Es momento de frenar este comercio implacable que comienza dentro de las aulas, con la ineptitud y abuso de directores, profesores, así como padres de familia sin el debido coraje para defender su derecho a una educación justa para sus hijos sin el atropello de gastos excesivos e innecesarios que cada año afectan la economía de sus familias.
El ministerio de educación tiene la palabra.
Sofía
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